El Cántaro Mágico

El-Violin-Magico
Hace mucho tiempo existieron siete hermanos y una hermana. Los hermanos estaban casados, pero sus esposas no cocinaban para la familia. Esto lo hacía la hermana, que se quedaba en casa preparando los alimentos. Las esposas guardaban por esta razón mucho resentimiento hacia su cuñada, y al final unieron fuerzas para apartarla de su labor como cocinera y proveedora general, para que alguna de ellas pudiera reemplazarla.

—Ella no ayuda en los campos, se queda tranquila en casa y aún así no prepara la comida a tiempo —decían ellas. Así que llamaron a su amiga y, con promesas, se aseguraron su ayuda. —A medio día, cuando nuestra cuñada vaya a buscar agua, haz que el agua desaparezca y aparezca lentamente —le dijeron—. De esta manera se retrasará. Si evitas que el agua llene su recipiente, tú podrás quedártela.

A medio día, cuando la joven fue a buscar agua, el pozo se secó frente a ella, lo que la hizo comenzar a llorar. Después de un tiempo, el agua comenzó a crecer de nuevo. Cuando el agua llegó a sus tobillos, intentó llenar su recipiente, pero no lograba sumergirlo, lo que la asustó y comenzó a llorar y a llamar a sus hermanos:

¡Oh! Hermano, el agua me llega a los tobillos. Y, sin embargo, hermano, el cántaro no se hunde. El agua continuó subiendo hasta llegar a sus rodillas, y la joven empezó a llorar nuevamente: —¡Oh! el agua me llega a las rodillas. Y, sin embargo, hermano, el cántaro no se hunde. El agua siguió subiendo y, cuando llegó a su cintura, exclamó de nuevo: —El agua me llega a la cintura. Y, sin embargo, hermano, el cántaro no se hunde. El agua continuó creciendo y, cuando llegó a su cuello, siguió lamentándose:

El-Violin-Magico

—Hermano, el agua me llega al cuello. Y, sin embargo, hermano, el cántaro no se hunde. Al final, el agua se volvió tan profunda que sintió que se estaba ahogando, y entonces gritó: —¡Oh! Hermano, el agua ha alcanzado la altura de un hombre. El cántaro está empezando a llenarse y con él me hundo yo. La joven fue transformada entonces en una serpiente como su amiga, y esta se la llevó. Después de un tiempo, la joven reapareció como un bambú que crecía en la orilla del pozo en el que se había ahogado. Cuando el bambú alcanzó un buen tamaño, un sabio que solía pasar por ahí, dijo al verlo:

—Con esto haría un violín espléndido. Así que un día llevó un hacha para cortarlo, pero cuando estaba a punto de empezar, el bambú exclamó: —No cortes por la raíz, corta más arriba. Cuando el sabio levantó el hacha para cortar por el tallo, el bambú gritó: —No cortes por la parte de arriba, corta por la raíz. Cuando el sabio se preparó nuevamente para cortar por la raíz, el bambú dijo: —No cortes por la raíz, corta más arriba. Y cuando estaba a punto de cortar por arriba, el bambú le gritó una vez más: —No cortes arriba, corta por la raíz.

El sabio para entonces, estaba seguro de que un ser espiritual estaba intentando asustarlo, así que se enfadó y cortó el bambú por la raíz y se lo llevó para hacer un violín con él. El instrumento tenía un tono excelente y era apreciado por todos los que lo escuchaban. El sabio lo llevaba consigo cuando solicitaba ayuda, y gracias a la influencia de esta dulce música regresaba a casa cada noche con la bolsa llena.

De vez en cuando visitaba la casa de los hermanos de la joven serpiente, y las notas del violín los afectaban profundamente. Algunos de ellos terminaban llorando, porque el violín parecía también llorar con amarga angustia. El hermano mayor quiso comprarlo y se ofreció a mantener al sabio durante un año entero si él accedía a separarse de su maravilloso instrumento. El sabio, sin embargo, conocía su valor y se negaba a venderlo.

Resultó que un tiempo después el sabio fue a la casa del jefe de una aldea y, después de tocar una canción o dos con su violín, pidió algo de comer. Le ofrecieron comprarle el violín y le prometieron un alto precio por él, pero él se negó a venderlo, ya que dependía de él para ganarse la vida. Cuando vieron que no iban a convencerlo, le dieron comida y una gran cantidad de licor. De esta última bebida tomó tanto que se embriagó y, mientras estaba bajo esa condición, le quitaron el violín y lo reemplazaron por uno viejo.

Cuando el sabio se recuperó, extrañó su instrumento y, sospechando que se lo habían robado, les pidió que se lo devolvieran. Pero ellos negaron haberlo tomado, así que tuvo que marcharse, dejando atrás su violín. El hijo del jefe, que era músico, solía tocar el violín del sabio, y en sus manos la música deleitaba los oídos de todos los que la escuchaban.

Cuando toda la familia estaba fuera, trabajando en el campo, la joven serpiente solía salir del violín de bambú y preparar la comida. Ella comía su parte, colocaba la porción del hijo del jefe debajo de su cama y, tras cubrirla para protegerla del polvo, volvía a meterse en el violín. Esto ocurría todos los días, pero los miembros de la familia pensaban que alguna amiga estaba interesada en el joven, por lo que no se molestaron en intentar descubrir quién dejaba la comida. Sin embargo, el muchacho estaba decidido a descubrir cuál de sus amigas se preocupaba tanto por su bienestar.

«Hoy la atraparé y le daré una buena lección; está avergonzándome frente a los demás», pensó. Así que se escondió detrás de un montón de leña. En poco tiempo, la chica serpiente salió del violín de bambú y comenzó a arreglarse el cabello. Después de terminar de peinarse, cocinó el arroz como siempre, comió su parte, colocó la porción del joven debajo de su cama, como siempre, y estaba a punto de entrar nuevamente en el violín cuando él salió de su escondite y la atrapó entre sus brazos.

¡No, no! Podrías ser de una casta con la que no puedo casarme. —No —le contestó él—. Pero, a partir de hoy, tú y yo somos uno. Y así comenzaron a tener una conversación tierna. Cuando los demás regresaron a casa por la tarde, descubrieron que la joven era tanto humana como serpiente, y se alegraron mucho.

Mientras tanto, la familia de la joven serpiente se había empobrecido. En una ocasión, sus hermanos visitaron la casa del jefe. La joven serpiente los reconoció de inmediato, pero ellos no sabían quién era ella. La joven les llevó agua y luego les ofreció arroz. Luego se sentó junto a ellos y comenzó a relatarles en tono lastimero el trato al que había sido sometida por sus esposas. —Seguramente ustedes lo sabían todo, y aun así no hicieron nada para salvarme —les dijo, después de contarles todo lo sucedido. Y esa fue su venganza.

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